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lunes, enero 23, 2006

 

Se ponen dos puertas en un colegio de Holanda una para blancos y otra para negros

De ABC
From Brussels Journal
Un colegio holandés separa la entrada para niños blancos y negros
La sociedad holandesa se ha cansado del multiculturalismo y el caso de este centro de primaria es el reflejo de una convivencia racial muy difícil


ENRIQUE SERBETO. CORRESPONSAL

BRUSELAS. Podría ser la Suráfrica de la época del «apartheid», pero en realidad es Amsterdam. Aunque las apariencias engañan un poco, lo cierto es que un colegio de la simpática capital cultural de Holanda tiene dos puertas, una para los niños holandeses blancos y otra para emigrantes de otras razas. ¿Se han establecido en Holanda las leyes de segregación racial que se creían superadas? Nada de eso. Pero la política del multiculturalismo que rigió la vida social de este país las últimas décadas desaparece poco a poco.

El diario De Volkstrant publicó esta semana la historia de un colegio público en el barrio de Oostelijk Havengebied, en Amsterdam, en el que, de hecho, se habían habilitado dos entradas. Una por la que llegaban los blancos y otra por la que entraban los demás, parte de un conglomerado de razas y mestizajes. Una vez conocido el caso, lo más relevante es que no sucedió nada.
And now the article in english
Remember the American South in the early 1960s? Or South Africa in the 1980s? That is what Western Europe in the early 21st century is beginning to resemble. A school in Amsterdam has introduced separate entrances for white and coloured pupils. At the Rietlanden/8th Montessori school in the east end of Amsterdam there are two separate entrances 30 metres apart, one for native Dutch children and one for immigrants. The school authorities claim that this situation has nothing to do with racism because the school welcomes children from all ethnic groups. All it wants is for them to enter through different doors. The school constitutes a complex with two sections. One, the coloured section, is called “Rietlanden,” the other, the white section, “8th Montessori.”

“For one reason or another our school had acquired a bad reputation,” headmistress Annemieke van der Groen says. “In such a case you can invest in quality as much as you like, but it is difficult to convince white parents to enroll their children here. If they come to have a look, they say ‘You know, with all these black children’ and enroll their children elsewhere.” Hence, the two entrances and different names for the same school.



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